¿Qué es la psicología infantil?

169499Me he decidido a hablar de este tema, porque, observo que, aún hoy, una gran parte de la población, opina que llevar a un niño al psicólogo acarrea consigo consecuencias negativas, como que tiene un problema de salud mental, o que, el propio psicólogo puede provocar un trauma al niño. En fin, los “conocidos” estereotipos que llevamos encima los psicólogos. Sin embargo, la psicología infantil, es una disciplina que tiene como objeto de estudio el comportamiento del niño, desde su nacimiento hasta su adolescencia, en los distintos ámbitos de su desarrollo (físico, motor, cognitivo, perceptivo, afectivo y social), es decir, es una disciplina científica, como otras que existen dentro del amplio campo de la psicología.
Paradójicamente, aclarar que cuando nos llaman y piden un psicólogo infantil o de adultos, no existe la carrera de psicología infantil o de psicología de adultos, únicamente la de grado en psicología o hasta hace poco la licenciatura; cada uno de nosotros una vez que terminamos nuestra carrera, continuamos formándonos, y elegimos, por decisión propia, si dedicarnos sólo a niños o a adultos o a ambos a la vez.

Pero, ¿qué diferencias existen entre atender a un adulto o a un niño/a? En primer lugar, los métodos de intervención son distintos, o, más bien, su aplicación. Un adulto viene por decisión propia o presionado por alguien, y, casi siempre, hay una queja definida. En el caso de los niños, la queja suele provenir de los padres, debido a que notan cambios en los patrones de conducta, sociales, escolares, alimenticios, de sueño… de sus hijos, por tanto, el acudir a un psicólogo que atiende a niños no implica, necesariamente, que haya un problema de salud mental, sino que, casi siempre se reduce, que ya es bastante, a trabajar con los padres en mecanismos de acción que ayuden a resolver el problema de su hijo/a. Aunque si ya hablamos de trastornos de aprendizaje, como dislexia o discalculia, también deberemos trabajar individualmente o en pequeño grupo con los niños.
Y, en segundo lugar, en la psicología con adultos, casi todo nos viene dado o es más fácil obtener la información, puesto que, el cliente nos cuenta lo que le pasa o lo que cree que le pasa, pero con niños es diferente, tenemos que usar otras herramientas como los dibujos proyectivos, diversos tests psicológicos y entrevistas con los padres, en el caso de la evaluación y juegos, dibujos, muñecos, técnicas como la caja de arena o EMDR, programas de puntos y conversaciones lúdicas, entre otros, en el caso de la intervención. Todos estos recursos, se ajustan al método científico, han sido analizados y verificados estadísticamente o usados por psicólogos o escuelas terapéuticas con resultados contrastados.
Por otra parte, cada psicólogo, elige una forma de intervenir con el cliente y la familia, en función de la formación posterior, que ha seguido tras su carrera. De ahí, los nombres de psicólogos conductuales, cognitivos, sistémicos, psicoanalistas, etc.. Todas son válidas, simplemente, a la hora, de solicitar una cita, es importante preguntar si atiende niños, así de simple.
Lo más relevante, a mi juicio, cuando intervenimos con el niño/a, es crear un contexto y un espacio, en el que se sientan lo más cómodos posibles, así como, explicarles en qué consiste la figura de un psicólogo y qué es lo que vamos a trabajar. Debemos hacer todo lo posible para que el niño, tenga ganas de volver, no para alargar el tratamiento, sino para que la intervención sea lo más natural posible y quedemos en su memoria como esa persona, que le ayudó a sentirse mejor. Nuestra creatividad y nuestra empatía hacia ellos, será fundamental, para lograr encontrar la solución a las dificultades que muestran y, que, lo más seguro no sean capaz de poner en palabras, sobre todo, en niños/as de hasta 5-6 años, dependiendo de su nivel cultural.
Para finalizar, otro aspecto muy importante, y a la vez controvertido, es el tema de la confidencialidad. En mi caso, siempre les hago saber a los padres y a los niños, que, todo lo que nos cuenten va a ser confidencial y cuando creamos que es conveniente contarle algo a los padres, se lo comunicaremos al niño/a previamente. Contemplo excepciones, como, por ejemplo, cuando nos cuenta algo que pueda atentar contra su salud psicológica o física, en este último caso, deberemos romper la confidencialidad con el menor y comunicárselo a sus padres.

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